Por: Vianey Sánchez, nutrióloga de Concepto One®
Tiempo de lectura: 9 minutos
Cuando elegimos un suplemento de omega-3, solemos fijarnos en un número: cuántos miligramos de EPA y DHA contiene. Y tiene sentido. Durante años hemos insistido en que no basta con leer “1,000 mg de aceite de pescado” en una etiqueta; lo verdaderamente relevante es conocer cuánto EPA y DHA aporta esa cantidad.
Sin embargo, existe otra característica que recibe mucha menos atención: la forma química en la que se encuentran esos ácidos grasos.
Dos suplementos pueden aportar cantidades similares de EPA y DHA y, aun así, presentarlos en estructuras moleculares diferentes. Esto importa porque antes de que estos ácidos grasos puedan incorporarse al organismo y ejercer sus funciones, deben atravesar procesos de digestión y absorción.
Entre las formas utilizadas en suplementación se encuentran los triglicéridos (TG), los triglicéridos reesterificados (rTG), los ésteres etílicos (EE) y los monoacilglicéridos (MAG). Aunque todas pueden aportar EPA y DHA, sus características estructurales influyen en la manera en que el organismo los procesa.
Precisamente ahí encontramos una de las innovaciones más interesantes en la formulación de omega-3: no sólo aumentar su concentración, sino optimizar la forma en la que se administran.
Antes de absorber una grasa, tenemos que digerirla
La mayor parte de las grasas que consumimos se encuentra en forma de triglicéridos. Su estructura consiste en una molécula de glicerol unida a tres ácidos grasos. Para absorberlos, el organismo necesita procesarlos mediante una serie de mecanismos digestivos.
En el intestino delgado, las sales biliares facilitan la emulsificación de las grasas y las enzimas digestivas, especialmente la lipasa pancreática, hidrolizan los triglicéridos. Este proceso genera principalmente ácidos grasos libres y monoacilglicéridos, que pueden incorporarse a micelas mixtas y aproximarse a la superficie intestinal para facilitar su absorción.
Una vez dentro de los enterocitos, buena parte de estos componentes vuelve a ensamblarse en triglicéridos y se incorpora a quilomicrones, que pasan inicialmente al sistema linfático y posteriormente a la circulación.
En términos sencillos, una parte del proceso puede representarse así:
Triglicérido → digestión enzimática → monoacilglicéridos + ácidos grasos → absorción intestinal
Este mecanismo explica por qué la estructura química de un suplemento puede resultar tan relevante. Cuando EPA y DHA se administran en una forma más cercana a los productos naturales de la digestión de las grasas, es posible reducir su dependencia de determinados pasos digestivos previos.
MAG: una estructura más cercana a lo que el organismo absorbe
MAG significa monoacilglicérido, una molécula de glicerol a la que permanece unido un solo ácido graso.
En los aceites enriquecidos con MAG, EPA y DHA se presentan unidos a esta estructura, en lugar de encontrarse exclusivamente como triglicéridos o ésteres etílicos. Por su semejanza con uno de los productos naturales de la digestión lipídica, esta tecnología se ha investigado como una estrategia para favorecer la disponibilidad intestinal de los omega-3.

En ocasiones se describe como una forma parcialmente predigerida. Aunque el término ayuda a visualizar el mecanismo, no significa que la absorción sea automática ni que el organismo deje de participar en el procesamiento de estos lípidos.
Su principal característica es que puede requerir menos hidrólisis enzimática previa, una propiedad especialmente interesante si consideramos que la digestión de las grasas depende de factores como la actividad de las lipasas, la secreción biliar y la composición de los alimentos consumidos.
Lo relevante es que esta diferencia estructural no se limita a una hipótesis bioquímica. Existen ensayos clínicos en humanos que han encontrado diferencias significativas en la farmacocinética de EPA y DHA cuando se administran como MAG.
¿Qué dice la evidencia clínica sobre su biodisponibilidad?
En un ensayo clínico aleatorizado, doble ciego y cruzado, Chevalier y Plourde (2021) evaluaron la farmacocinética de omega-3 administrados como MAG o ésteres etílicos (EE) en 20 adultos. Los participantes recibieron una dosis única de 3 g de omega-3 y se analizaron las concentraciones plasmáticas de EPA y DHA durante las siguientes 24 horas.
Los investigadores encontraron que la concentración plasmática máxima de EPA fue aproximadamente tres veces mayor con MAG, mientras que la de DHA fue alrededor de 2.5 veces mayor, en comparación con EE.
Aunque estos resultados corresponden a una administración aguda, muestran que modificar la estructura química del omega-3 puede producir diferencias importantes en la exposición plasmática de sus principales ácidos grasos.
Posteriormente, otro ensayo clínico aleatorizado, triple ciego y cruzado comparó directamente tres formas: MAG, TG y EE. En este estudio, 22 adultos recibieron aproximadamente 1.2 g de EPA + DHA junto con comidas bajas en grasa.
La exposición plasmática a EPA durante las 24 horas posteriores fue aproximadamente dos veces mayor con MAG que con EE y también fue superior frente a TG. Los resultados favorecieron a MAG en distintas variables farmacocinéticas, aunque las diferencias dependieron del ácido graso y del indicador evaluado.
Estos hallazgos son relevantes porque TG y EE se encuentran entre las formas más utilizadas en suplementos comerciales. MAG no sólo representa una estructura química diferente; cuenta con evidencia clínica que respalda ventajas de biodisponibilidad frente a formulaciones convencionales en determinadas condiciones experimentales.
Esto no significa que los triglicéridos o los ésteres etílicos no se absorban. Ambas formas pueden incrementar las concentraciones de EPA y DHA. Lo que cambia entre ellas es la estructura molecular y, con ella, la manera en la que el organismo procesa y absorbe estos ácidos grasos.
La estructura molecular del omega-3 puede modificar la eficiencia y velocidad con la que EPA y DHA aparecen en circulación. La cantidad importa, pero la forma también.
La absorción también depende de cómo consumimos el omega-3
La recomendación de tomar omega-3 junto con alimentos que contengan grasa tiene una explicación fisiológica. La presencia de lípidos en el intestino favorece procesos relacionados con su emulsificación, digestión y absorción, aunque la magnitud de este efecto depende de la formulación utilizada.
Los ésteres etílicos son particularmente sensibles a estas condiciones. Desde hace décadas se sabe que su absorción puede aumentar considerablemente cuando se consumen junto con comidas ricas en grasa.
Esto ayuda a entender por qué dos suplementos con cantidades similares de EPA y DHA pueden presentar comportamientos farmacocinéticos diferentes. La dosis declarada es importante, pero la estructura química y las condiciones de administración también participan en el resultado.
Una revisión publicada en Progress in Lipid Research en 2025 analizó ampliamente la evidencia humana sobre biodisponibilidad de EPA y DHA. Los autores identificaron diferencias asociadas con las formas químicas y las tecnologías de administración, aunque también señalaron que los resultados de estudios agudos no siempre se mantienen con la misma magnitud durante la suplementación prolongada.
Esta precisión es importante para interpretar correctamente los estudios sobre MAG. Una mayor exposición plasmática después de una dosis no demuestra, por sí sola, una mayor eficacia cardiovascular, cognitiva o metabólica a largo plazo. Para establecer esas diferencias se necesitan ensayos clínicos específicamente diseñados para evaluar resultados de salud.
Sin embargo, mejorar la disponibilidad de EPA y DHA sigue siendo un objetivo relevante de formulación, especialmente cuando existen mecanismos fisiológicos plausibles y resultados experimentales en humanos que lo respaldan.
Una ventaja especialmente interesante cuando la digestión de grasas está limitada
Otra investigación permite comprender mejor por qué la estructura MAG puede resultar ventajosa.
Cruz-Hernandez y colaboradores realizaron un ensayo clínico doble ciego en 45 adultos con obesidad, utilizando orlistat para inducir experimentalmente una condición de maldigestión de grasas. Este fármaco inhibe las lipasas gastrointestinales, lo que permite estudiar qué sucede cuando se limita uno de los mecanismos necesarios para digerir los triglicéridos.
Los participantes recibieron EPA y DHA en forma de TG o mediante un aceite enriquecido con MAG. Después de 21 días, bajo estas condiciones de maldigestión inducida, la incorporación de EPA y DHA a los eritrocitos fue 72 % y 24 % mayor, respectivamente, con MAG que con TG. También se observó una concentración plasmática de EPA 56 % superior con MAG.
Los resultados son especialmente interesantes porque muestran que la forma química del omega-3 no es un detalle menor de la formulación. Cuando la digestión de las grasas está limitada, utilizar una estructura más cercana a uno de los productos naturales de esa digestión puede traducirse en una mayor disponibilidad de EPA y DHA. Esto adquiere especial interés en contextos de pérdida de peso en los que pueden coexistir una menor ingesta energética, modificaciones importantes en la alimentación o intervenciones que alteran la fisiología gastrointestinal, un escenario cada vez más relevante con el uso de terapias basadas en GLP-1.
La evidencia disponible sobre MAG se ha concentrado principalmente en farmacocinética y biodisponibilidad, por lo que todavía se necesitan estudios a largo plazo para conocer el alcance clínico de estas diferencias. Aun así, los estudios realizados en humanos ya muestran algo relevante para el desarrollo de suplementos: podemos ir más allá de aumentar la dosis y trabajar también sobre la forma en la que entregamos EPA y DHA al organismo.
Esa es precisamente la razón por la que MAG representa una evolución interesante frente a formas más convencionales. No cambia qué ácidos grasos buscamos aportar, sino la tecnología con la que los presentamos al sistema digestivo.
La calidad de un omega-3 no termina en su biodisponibilidad
Concentración y forma química son importantes, pero existe otro aspecto indispensable al evaluar un suplemento de omega-3: la calidad del aceite que contiene.
EPA y DHA son ácidos grasos poliinsaturados y, debido a su estructura, son susceptibles a procesos de oxidación. Por eso, evaluar la calidad de un omega-3 implica mirar más allá de los miligramos por cápsula o de la forma química en la que se presenta.
Entre los parámetros utilizados internacionalmente para evaluar el estado oxidativo de estos aceites se encuentran el valor de peróxidos, relacionado con productos primarios de oxidación; el valor de anisidina, utilizado para estimar determinados productos secundarios; y el índice TOTOX, que integra ambos indicadores para ofrecer una valoración global del estado oxidativo del aceite.

Nuestros lotes de Omega Complete, tanto el valor de peróxidos como el de anisidina se encuentran por debajo de los límites establecidos como referencia por la Global Organization for EPA and DHA Omega-3s (GOED), una organización internacional especializada en establecer criterios técnicos de calidad para la industria de EPA y DHA.
El análisis reporta además un TOTOX de 11.5, frente al valor máximo de referencia de 26 utilizado por GOED. Más que recurrir a términos ambiguos como “aceite premium” o “alta pureza”, estos parámetros permiten evaluar mediante datos analíticos el estado del aceite utilizado en cada lote.
La calidad también implica controlar aquello que no queremos encontrar. El mismo certificado incluye análisis de arsénico, cadmio, mercurio y plomo, con resultados por debajo de los límites internacionales de referencia para los parámetros comparables. Arsénico y cadmio fueron reportados como ausentes por el laboratorio, mientras que mercurio y plomo se encontraron en concentraciones inferiores a los valores máximos de referencia.
Para nosotros, esa distinción importa. La calidad no debería depender únicamente de lo que una marca dice sobre su materia prima; también debe poder observarse en los análisis que la acompañan.
Omega Complete: una nueva generación de nuestra fórmula
Durante años, buena parte de la innovación en suplementos de omega-3 se ha concentrado en aumentar la cantidad de EPA y DHA por porción. Es una evolución importante, pero no es la única variable que podemos mejorar.
Con la nueva generación de nuestro Omega Complete decidimos conservar una de las características que ya distinguían a nuestra fórmula, su alta concentración de EPA y DHA, y evolucionar la manera en la que los administramos mediante una tecnología basada en monoacilglicéridos (MAG).

Este cambio representa un verdadero upgrade respecto a nuestra formulación anterior. No se trata simplemente de incrementar la cantidad declarada en la etiqueta o de añadir otro ingrediente, sino de incorporar una tecnología con fundamento fisiológico y evidencia clínica humana sobre biodisponibilidad.
Y hay algo que nos parece especialmente relevante: este cambio también eleva el estándar con el que queremos que se evalúe un omega-3.
En un mercado donde todavía es común comparar productos únicamente por los miligramos de aceite de pescado que aparecen al frente de la etiqueta, creemos que vale la pena mirar un poco más profundo. Cuánto EPA y DHA contiene, en qué forma química se encuentran y qué muestran sus controles de calidad son preguntas distintas, pero complementarias.
Nuestro lote actual combina una alta concentración de EPA y DHA con una estructura MAG y resultados analíticos de oxidación y metales pesados que se encuentran dentro de referencias internacionales para los parámetros evaluados.
Para nosotros, eso representa una formulación más completa: no porque exista una única característica capaz de definir por sí sola al “mejor omega-3”, sino porque cada una resuelve una parte diferente de la ecuación.
La concentración nos habla de cuánto EPA y DHA estamos aportando. La estructura MAG nos permite optimizar la forma en la que los entregamos al organismo. Los controles analíticos nos ayudan a verificar la calidad del aceite que estamos utilizando.
Eso es lo que entendemos por mejorar una fórmula: conservar lo que ya funciona y avanzar en aquello que todavía puede hacerse mejor.
MAG es ese siguiente paso para Omega Complete. Una evolución sustentada en fisiología, evidencia clínica y criterios analíticos de calidad, no simplemente en hacer una etiqueta más llamativa.
Porque cuando hablamos de omega-3, la cantidad importa. Pero la forma en la que llega al organismo y la calidad del aceite que elegimos para hacerlo también.
Bibliografía
National Institutes of Health, Office of Dietary Supplements. Omega-3 Fatty Acids: Fact Sheet for Health Professionals. National Institutes of Health.
Alijani S, Hahn A, Harris WS, Schuchardt JP. Bioavailability of EPA and DHA in humans: A comprehensive review. Progress in Lipid Research. 2025;97:101318. doi:10.1016/j.plipres.2024.101318.
Chevalier L, Plourde M. Comparison of pharmacokinetics of omega-3 fatty acid supplements in monoacylglycerol or ethyl ester in humans: a randomized controlled trial. European Journal of Clinical Nutrition. 2021;75:680–688. doi:10.1038/s41430-020-00767-4.
Chevalier L, Vachon A, Plourde M. Pharmacokinetics of supplemental omega-3 fatty acids esterified in monoglycerides, ethyl esters, or triglycerides in adults in a randomized crossover trial. The Journal of Nutrition. 2021;151(5):1111–1118. doi:10.1093/jn/nxaa458.
Cruz-Hernandez C, Destaillats F, Thakkar SK, et al. Monoacylglycerol-enriched oil increases EPA/DHA delivery to circulatory system in humans with induced lipid malabsorption conditions. Journal of Lipid Research. 2016;57(12):2208–2216.
Lawson LD, Hughes BG. Absorption of eicosapentaenoic acid and docosahexaenoic acid from fish oil triacylglycerols or fish oil ethyl esters co-ingested with a high-fat meal. Biochemical and Biophysical Research Communications. 1988;156(2):960–963. doi:10.1016/S0006-291X(88)80937-9.
Global Organization for EPA and DHA Omega-3s (GOED). GOED Voluntary Monograph. Global Organization for EPA and DHA Omega-3s.
Certificado de análisis de materia prima utilizada en Omega Complete. Lote 060726. Julio de 2026.
Omega-3 MAG: cuando la forma también importa
Por: Vianey Sánchez, nutrióloga de Concepto One®
Tiempo de lectura: 9 minutos
Cuando elegimos un suplemento de omega-3, solemos fijarnos en un número: cuántos miligramos de EPA y DHA contiene. Y tiene sentido. Durante años hemos insistido en que no basta con leer “1,000 mg de aceite de pescado” en una etiqueta; lo verdaderamente relevante es conocer cuánto EPA y DHA aporta esa cantidad.
Sin embargo, existe otra característica que recibe mucha menos atención: la forma química en la que se encuentran esos ácidos grasos.
Dos suplementos pueden aportar cantidades similares de EPA y DHA y, aun así, presentarlos en estructuras moleculares diferentes. Esto importa porque antes de que estos ácidos grasos puedan incorporarse al organismo y ejercer sus funciones, deben atravesar procesos de digestión y absorción.
Entre las formas utilizadas en suplementación se encuentran los triglicéridos (TG), los triglicéridos reesterificados (rTG), los ésteres etílicos (EE) y los monoacilglicéridos (MAG). Aunque todas pueden aportar EPA y DHA, sus características estructurales influyen en la manera en que el organismo los procesa.
Precisamente ahí encontramos una de las innovaciones más interesantes en la formulación de omega-3: no sólo aumentar su concentración, sino optimizar la forma en la que se administran.
Antes de absorber una grasa, tenemos que digerirla
La mayor parte de las grasas que consumimos se encuentra en forma de triglicéridos. Su estructura consiste en una molécula de glicerol unida a tres ácidos grasos. Para absorberlos, el organismo necesita procesarlos mediante una serie de mecanismos digestivos.
En el intestino delgado, las sales biliares facilitan la emulsificación de las grasas y las enzimas digestivas, especialmente la lipasa pancreática, hidrolizan los triglicéridos. Este proceso genera principalmente ácidos grasos libres y monoacilglicéridos, que pueden incorporarse a micelas mixtas y aproximarse a la superficie intestinal para facilitar su absorción.
Una vez dentro de los enterocitos, buena parte de estos componentes vuelve a ensamblarse en triglicéridos y se incorpora a quilomicrones, que pasan inicialmente al sistema linfático y posteriormente a la circulación.
En términos sencillos, una parte del proceso puede representarse así:
Triglicérido → digestión enzimática → monoacilglicéridos + ácidos grasos → absorción intestinal
Este mecanismo explica por qué la estructura química de un suplemento puede resultar tan relevante. Cuando EPA y DHA se administran en una forma más cercana a los productos naturales de la digestión de las grasas, es posible reducir su dependencia de determinados pasos digestivos previos.
MAG: una estructura más cercana a lo que el organismo absorbe
MAG significa monoacilglicérido, una molécula de glicerol a la que permanece unido un solo ácido graso.
En los aceites enriquecidos con MAG, EPA y DHA se presentan unidos a esta estructura, en lugar de encontrarse exclusivamente como triglicéridos o ésteres etílicos. Por su semejanza con uno de los productos naturales de la digestión lipídica, esta tecnología se ha investigado como una estrategia para favorecer la disponibilidad intestinal de los omega-3.
En ocasiones se describe como una forma parcialmente predigerida. Aunque el término ayuda a visualizar el mecanismo, no significa que la absorción sea automática ni que el organismo deje de participar en el procesamiento de estos lípidos.
Su principal característica es que puede requerir menos hidrólisis enzimática previa, una propiedad especialmente interesante si consideramos que la digestión de las grasas depende de factores como la actividad de las lipasas, la secreción biliar y la composición de los alimentos consumidos.
Lo relevante es que esta diferencia estructural no se limita a una hipótesis bioquímica. Existen ensayos clínicos en humanos que han encontrado diferencias significativas en la farmacocinética de EPA y DHA cuando se administran como MAG.
¿Qué dice la evidencia clínica sobre su biodisponibilidad?
En un ensayo clínico aleatorizado, doble ciego y cruzado, Chevalier y Plourde (2021) evaluaron la farmacocinética de omega-3 administrados como MAG o ésteres etílicos (EE) en 20 adultos. Los participantes recibieron una dosis única de 3 g de omega-3 y se analizaron las concentraciones plasmáticas de EPA y DHA durante las siguientes 24 horas.
Los investigadores encontraron que la concentración plasmática máxima de EPA fue aproximadamente tres veces mayor con MAG, mientras que la de DHA fue alrededor de 2.5 veces mayor, en comparación con EE.
Aunque estos resultados corresponden a una administración aguda, muestran que modificar la estructura química del omega-3 puede producir diferencias importantes en la exposición plasmática de sus principales ácidos grasos.
Posteriormente, otro ensayo clínico aleatorizado, triple ciego y cruzado comparó directamente tres formas: MAG, TG y EE. En este estudio, 22 adultos recibieron aproximadamente 1.2 g de EPA + DHA junto con comidas bajas en grasa.
La exposición plasmática a EPA durante las 24 horas posteriores fue aproximadamente dos veces mayor con MAG que con EE y también fue superior frente a TG. Los resultados favorecieron a MAG en distintas variables farmacocinéticas, aunque las diferencias dependieron del ácido graso y del indicador evaluado.
Estos hallazgos son relevantes porque TG y EE se encuentran entre las formas más utilizadas en suplementos comerciales. MAG no sólo representa una estructura química diferente; cuenta con evidencia clínica que respalda ventajas de biodisponibilidad frente a formulaciones convencionales en determinadas condiciones experimentales.
Esto no significa que los triglicéridos o los ésteres etílicos no se absorban. Ambas formas pueden incrementar las concentraciones de EPA y DHA. Lo que cambia entre ellas es la estructura molecular y, con ella, la manera en la que el organismo procesa y absorbe estos ácidos grasos.
La absorción también depende de cómo consumimos el omega-3
La recomendación de tomar omega-3 junto con alimentos que contengan grasa tiene una explicación fisiológica. La presencia de lípidos en el intestino favorece procesos relacionados con su emulsificación, digestión y absorción, aunque la magnitud de este efecto depende de la formulación utilizada.
Los ésteres etílicos son particularmente sensibles a estas condiciones. Desde hace décadas se sabe que su absorción puede aumentar considerablemente cuando se consumen junto con comidas ricas en grasa.
Esto ayuda a entender por qué dos suplementos con cantidades similares de EPA y DHA pueden presentar comportamientos farmacocinéticos diferentes. La dosis declarada es importante, pero la estructura química y las condiciones de administración también participan en el resultado.
Una revisión publicada en Progress in Lipid Research en 2025 analizó ampliamente la evidencia humana sobre biodisponibilidad de EPA y DHA. Los autores identificaron diferencias asociadas con las formas químicas y las tecnologías de administración, aunque también señalaron que los resultados de estudios agudos no siempre se mantienen con la misma magnitud durante la suplementación prolongada.
Esta precisión es importante para interpretar correctamente los estudios sobre MAG. Una mayor exposición plasmática después de una dosis no demuestra, por sí sola, una mayor eficacia cardiovascular, cognitiva o metabólica a largo plazo. Para establecer esas diferencias se necesitan ensayos clínicos específicamente diseñados para evaluar resultados de salud.
Sin embargo, mejorar la disponibilidad de EPA y DHA sigue siendo un objetivo relevante de formulación, especialmente cuando existen mecanismos fisiológicos plausibles y resultados experimentales en humanos que lo respaldan.
Una ventaja especialmente interesante cuando la digestión de grasas está limitada
Otra investigación permite comprender mejor por qué la estructura MAG puede resultar ventajosa.
Cruz-Hernandez y colaboradores realizaron un ensayo clínico doble ciego en 45 adultos con obesidad, utilizando orlistat para inducir experimentalmente una condición de maldigestión de grasas. Este fármaco inhibe las lipasas gastrointestinales, lo que permite estudiar qué sucede cuando se limita uno de los mecanismos necesarios para digerir los triglicéridos.
Los participantes recibieron EPA y DHA en forma de TG o mediante un aceite enriquecido con MAG. Después de 21 días, bajo estas condiciones de maldigestión inducida, la incorporación de EPA y DHA a los eritrocitos fue 72 % y 24 % mayor, respectivamente, con MAG que con TG. También se observó una concentración plasmática de EPA 56 % superior con MAG.
Los resultados son especialmente interesantes porque muestran que la forma química del omega-3 no es un detalle menor de la formulación. Cuando la digestión de las grasas está limitada, utilizar una estructura más cercana a uno de los productos naturales de esa digestión puede traducirse en una mayor disponibilidad de EPA y DHA. Esto adquiere especial interés en contextos de pérdida de peso en los que pueden coexistir una menor ingesta energética, modificaciones importantes en la alimentación o intervenciones que alteran la fisiología gastrointestinal, un escenario cada vez más relevante con el uso de terapias basadas en GLP-1.
La evidencia disponible sobre MAG se ha concentrado principalmente en farmacocinética y biodisponibilidad, por lo que todavía se necesitan estudios a largo plazo para conocer el alcance clínico de estas diferencias. Aun así, los estudios realizados en humanos ya muestran algo relevante para el desarrollo de suplementos: podemos ir más allá de aumentar la dosis y trabajar también sobre la forma en la que entregamos EPA y DHA al organismo.
Esa es precisamente la razón por la que MAG representa una evolución interesante frente a formas más convencionales. No cambia qué ácidos grasos buscamos aportar, sino la tecnología con la que los presentamos al sistema digestivo.
La calidad de un omega-3 no termina en su biodisponibilidad
Concentración y forma química son importantes, pero existe otro aspecto indispensable al evaluar un suplemento de omega-3: la calidad del aceite que contiene.
EPA y DHA son ácidos grasos poliinsaturados y, debido a su estructura, son susceptibles a procesos de oxidación. Por eso, evaluar la calidad de un omega-3 implica mirar más allá de los miligramos por cápsula o de la forma química en la que se presenta.
Entre los parámetros utilizados internacionalmente para evaluar el estado oxidativo de estos aceites se encuentran el valor de peróxidos, relacionado con productos primarios de oxidación; el valor de anisidina, utilizado para estimar determinados productos secundarios; y el índice TOTOX, que integra ambos indicadores para ofrecer una valoración global del estado oxidativo del aceite.
Nuestros lotes de Omega Complete, tanto el valor de peróxidos como el de anisidina se encuentran por debajo de los límites establecidos como referencia por la Global Organization for EPA and DHA Omega-3s (GOED), una organización internacional especializada en establecer criterios técnicos de calidad para la industria de EPA y DHA.
El análisis reporta además un TOTOX de 11.5, frente al valor máximo de referencia de 26 utilizado por GOED. Más que recurrir a términos ambiguos como “aceite premium” o “alta pureza”, estos parámetros permiten evaluar mediante datos analíticos el estado del aceite utilizado en cada lote.
La calidad también implica controlar aquello que no queremos encontrar. El mismo certificado incluye análisis de arsénico, cadmio, mercurio y plomo, con resultados por debajo de los límites internacionales de referencia para los parámetros comparables. Arsénico y cadmio fueron reportados como ausentes por el laboratorio, mientras que mercurio y plomo se encontraron en concentraciones inferiores a los valores máximos de referencia.
Para nosotros, esa distinción importa. La calidad no debería depender únicamente de lo que una marca dice sobre su materia prima; también debe poder observarse en los análisis que la acompañan.
Omega Complete: una nueva generación de nuestra fórmula
Durante años, buena parte de la innovación en suplementos de omega-3 se ha concentrado en aumentar la cantidad de EPA y DHA por porción. Es una evolución importante, pero no es la única variable que podemos mejorar.
Con la nueva generación de nuestro Omega Complete decidimos conservar una de las características que ya distinguían a nuestra fórmula, su alta concentración de EPA y DHA, y evolucionar la manera en la que los administramos mediante una tecnología basada en monoacilglicéridos (MAG).
Este cambio representa un verdadero upgrade respecto a nuestra formulación anterior. No se trata simplemente de incrementar la cantidad declarada en la etiqueta o de añadir otro ingrediente, sino de incorporar una tecnología con fundamento fisiológico y evidencia clínica humana sobre biodisponibilidad.
Y hay algo que nos parece especialmente relevante: este cambio también eleva el estándar con el que queremos que se evalúe un omega-3.
En un mercado donde todavía es común comparar productos únicamente por los miligramos de aceite de pescado que aparecen al frente de la etiqueta, creemos que vale la pena mirar un poco más profundo. Cuánto EPA y DHA contiene, en qué forma química se encuentran y qué muestran sus controles de calidad son preguntas distintas, pero complementarias.
Nuestro lote actual combina una alta concentración de EPA y DHA con una estructura MAG y resultados analíticos de oxidación y metales pesados que se encuentran dentro de referencias internacionales para los parámetros evaluados.
Para nosotros, eso representa una formulación más completa: no porque exista una única característica capaz de definir por sí sola al “mejor omega-3”, sino porque cada una resuelve una parte diferente de la ecuación.
La concentración nos habla de cuánto EPA y DHA estamos aportando. La estructura MAG nos permite optimizar la forma en la que los entregamos al organismo. Los controles analíticos nos ayudan a verificar la calidad del aceite que estamos utilizando.
Eso es lo que entendemos por mejorar una fórmula: conservar lo que ya funciona y avanzar en aquello que todavía puede hacerse mejor.
MAG es ese siguiente paso para Omega Complete. Una evolución sustentada en fisiología, evidencia clínica y criterios analíticos de calidad, no simplemente en hacer una etiqueta más llamativa.
Porque cuando hablamos de omega-3, la cantidad importa. Pero la forma en la que llega al organismo y la calidad del aceite que elegimos para hacerlo también.
Bibliografía